Inicio TemasEconomía y Sociedad ¿Se ha vuelto Colombia más insegura por la migración venezolana?

¿Se ha vuelto Colombia más insegura por la migración venezolana?

Escrito por Jorge Mantilla
La migración de venezolanos a Colombia no tiene precedentes

Jorge MantillaComienza la temporada electoral y no faltarán los candidatos que usen el tema como caballo de batalla. No se puede generalizar, pero tampoco se puede desconocer lo que implica la llegada masiva de venezolanos a Colombia.

Jorge Mantilla*

Mejor hablar con pruebas

La seguridad ciudadana será uno de los temas más controversiales en las elecciones locales del próximo octubre, ya que las principales ciudades del país enfrentan enormes dificultades en esta materia. Como es usual, estos problemas serán aprovechados por candidatos, medios de comunicación y opositores a los gobiernos de turno para señalar la existencia de una crisis.

Si bien es importante diferenciar entre oleadas de crímenes y oleadas de noticias sobre crímenes, hay un aspecto novedoso y complejo de la agenda de seguridad al que se enfrentarán los nuevos mandatarios locales en 2020 y sobre el que se ha hablado muy poco: la presunta relación entre la migración venezolana y el aumento del crimen en algunos municipios y ciudades.

El gobierno debe anticiparse y trazar lineamientos concretos sobre este tema para contener factores de riesgo y para que el mensaje frente a brotes de xenofobia o crímenes de odio sea contundente. Se debe impedir que las administraciones municipales terminen siendo un obstáculo para aplicar medidas preventivas con sustento técnico.

Mientras las historias sobre el peligro de los inmigrantes aumentan en el país a medida que las noticias empiezan a hacer referencia a la nacionalidad de los delincuentes, lo cierto es que hasta el momento país no ha sido capaz de medir este impacto.

Aunque la mayor parte de los estudios recientes muestran que no existe una correlación directa entre inmigración y crimen, esto no ha sido óbice para que en Colombia y en otras partes (como Estados Unidos y Europa) diferentes agendas políticas hayan conseguido propagar esta idea entre electores atemorizados.

La percepción de la ciudadanía es que los migrantes venezolanos han aumentado la inseguridad, pero, ¿es cierto?

Foto: Personería de Cali
La percepción de la ciudadanía es que los migrantes venezolanos han aumentado la inseguridad, pero, ¿es cierto?

Por eso en muchas ciudades la gente desconfía de los venezolanos, se niega a arrendarles una pieza o a darles una oportunidad laboral, ahondando así aún más el drama humano que viven quienes no han tenido otra opción que huir de su país y dejarlo todo atrás.

Un problema que empieza

La llegada de al menos millón y medio de personas en tan poco tiempo es un reto para la estabilidad de cualquier país. Sin embargo, las consecuencias de estigmatizar a los migrantes pueden ser desastrosas en el largo plazo. Por ello es fundamental analizar el fenómeno de manera desagregada tanto territorial como poblacionalmente y no caer en conclusiones apresuradas sin fundamento.

La mayor parte de los estudios recientes muestran que no existe una correlación directa entre inmigración y crimen.

Desde luego, la dimensión de la crisis migratoria que ha tenido que enfrentar el país es de proporciones nunca registradas en la región, no solamente por la magnitud sino por la rapidez con la que se ha dado el éxodo, algo que ha estremecido la gobernanza y la estructura institucional del Estado en la frontera y en diferentes ciudades.

Las estimaciones más optimistas consideran que no más de un 40 por ciento de personas que han cruzado la frontera eventualmente volverían a su país una vez la situación haya mejorado. Por ello, el reto de este éxodo sin precedentes apenas empieza.

Tabla 1. Refugiados según país de origen (millones de personas)

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Datos: Conpes 3950/2018. Datos Venezuela: OIM/ONU 2019.

Aunque las cifras disponibles son preocupantes, la participación creciente de venezolanos en crímenes, como perpetradores o víctimas, es apenas lógica dado el crecimiento sostenido de esta población en el país durante los últimos años. Pero se requieren estudios juiciosos con información precisa que evalúen el tema a nivel local y consideren la heterogeneidad del fenómeno.

Por ejemplo, según cifras de la Policía Nacional, mientras que en 2016 fueron capturados 244 ciudadanos venezolanos, en 2018 esta cifra ascendió a 2751. Este es un aumento de cerca del 1000 por ciento en solo dos años que ha de mirarse con reserva, pues existe un problema grave de información que debe resolverse al más alto nivel.

Solamente en Bogotá la cifra saltó de 400 a 2510 capturas entre 2017 y 2018, un aumento de más del 500 por ciento. La participación delictiva se encuentra concentrada en delitos como el hurto a comercios, el tráfico de estupefacientes, el hurto a personas y las lesiones personales. Todos estos son fenómenos bien conocidos por quienes habitan en los cascos urbanos y las principales ciudades del país.

Además, informaciones de inteligencia confirman la instrumentalización de inmigrantes venezolanos por parte del crimen organizado. Muchos han muerto portando uniforme del ELN y de otros grupos armados en zonas de frontera y algunos son empleados en enclaves de minería ilegal en Norte de Santander, el sur de Bolívar, Cauca y Guainía, sin mencionar la difícil situación que viven cientos de venezolanas en manos de redes de tráfico sexual.

Por su parte, las cifras de victimización global muestran que más de 2800 ciudadanos venezolanos han sido víctimas de diferentes delitos en los últimos años, incluyendo el homicidio.

Lea en Razón Pública: Migrantes venezolanos: costos, retos y oportunidades.

Malas preguntas y malas respuestas

Este panorama no significa que los venezolanos sean una población más propensa al crimen que los colombianos. Y preguntarse de esta manera por el eventual impacto de la migración sobre las condiciones de seguridad ciudadana en el país es errado por dos razones.

  1. La categoría “venezolanos” incluye una población heterogénea en términos de capacidad económica y extracción social. No son lo mismo los venezolanos que migraron a Colombia en la primera década del 2000 que aquellos que en los últimos cuatro años han huido de la inminente implosión de la revolución bolivariana.
¿Cuáles son las cifras con las que estamos evaluando los niveles de inseguridad?

Foto: Alcaldía de Cali
¿Cuáles son las cifras con las que estamos evaluando los niveles de inseguridad?

Mientras que entre los primeros se encuentran reputados empresarios y profesionales con alta capacidad técnica que salieron de Venezuela con la intención de mantener su calidad de vida y proteger sus bienes y sus familias, el éxodo de los últimos años está compuesto por una migración de supervivencia, marcada por la carestía y la marginalidad. Desconocer la heterogeneidad social y económica de los cerca de 1.5 millones de venezolanos que viven en el país abre las puertas a la xenofobia y a medidas contraproducentes contra esta población.

El problema no es la migración venezolana sino los territorios donde esta se está concentrando.
  1. De acuerdo con la evidencia internacional en temas de migración y criminalidad, el impacto de fenómenos de cambio poblacional (como la migración) sobre el crimen no depende de la nacionalidad de quienes migran sino del proceso migratorio como tal y la manera en que este transforma la composición social de los territorios.

La literatura disponible sugiere también que la llegada masiva de una población externa a una ciudad o un barrio produce al menos tres factores de riesgo que podrían conllevar un aumento de la criminalidad:

  • La inestabilidad residencial,
  • La heterogeneidad étnica, y
  • La marginalidad concentrada.

Si estos factores no son atendidos, eventualmente nos conducirían a un aumento de las tasas de criminalidad, pues pueden romper el orden social previamente establecido, las redes de confianza entre vecinos se erosionan, y aumenta el miedo al delito, los conflictos sociales y la percepción de inseguridad.

Cuando los tres fenómenos aparecen juntos en contextos urbanos como los de Colombia, marcados por la falta de planeación, la segregación socio-espacial y la informalidad económica, se presentan grandes desafíos para la gobernabilidad urbana.

Puede leer: ¿Qué está pasando con la inseguridad ciudadana?

El escenario que se aproxima

A lo que nos enfrentaremos en los próximos años es a una crisis de doble cara en la que poblaciones vulnerables llegarán, como ya lo están haciendo, a territorios que ya son inseguros y en los que la informalidad, la persistencia de economías ilegales y el control territorial de organizaciones delincuenciales serán el mayor desafío.

Las políticas públicas sobre seguridad ciudadana no se pueden hacer sobre la base de percepciones.

Foto: Alcaldía de Popayán
Las políticas públicas sobre seguridad ciudadana no se pueden hacer sobre la base de percepciones.

El problema no es la migración venezolana sino los territorios donde esta se está concentrando. Allí podrían configurarse auténticos guetos, que serían el peor escenario. Justamente por esto se requiere un liderazgo firme del gobierno nacional que acompañe a las administraciones locales en la implementación de estrategias para evitar que el proceso migratorio desencadene dinámicas de violencia y empeore los problemas que ya enfrenta el país en materia de seguridad ciudadana.

Infortunadamente, la prudencia no es una de las cualidades de nuestros gobernantes y en un tema que tiene mucho de gris abundan quienes sentencian que el asunto es negro o blanco. Aunque la evidencia sugiera que no hay una relación entre migración y criminalidad no es este un argumento válido ante la ciudadanía en lugares como Maicao, Villa del Rosario, Puerto Carreño, o en ciertos barrios de Bogotá, Bucaramanga y Barranquilla, donde la tensión crece y empiezan a parecer panfletos, cadenas de Whatsapp y grupos de Facebook contra los ciudadanos del vecino país.

Le recomendamos: Un venezolano asesinado: ¿justicia o xenofobia?

El problema debe mirarse de manera desagregada, incluso a nivel barrial. Si bien las labores de atención humanitaria y política migratoria en Colombia han sido admirables y contrastan con las medidas represivas tomadas por México y Estados Unidos en su crisis migratoria, el reto en materia de seguridad apenas empieza.

Es preciso que quienes piensan capitalizar electoralmente la crisis migratoria sean sensatos a la hora de abanderar iniciativas contra la migración venezolana. Sembrar el miedo en la ciudadanía y criminalizar poblaciones vulnerables es un juego que se sabe cómo empieza, pero no cómo termina.

*Investigador Asociado Great Cities Institute Chicago
@jamantillab

 

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