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Peñalosa vs. Petro o el “modelo de ciudad”

(Tiempo estimado: 5 - 10 minutos)

Centro de Bogotá.

Alberto SaldarriagaBogotá siempre ha sido una ciudad compleja, llena de problemas, una manzana de discordia para quienes pretenden gobernar sobre las ruinas y fragmentos de diferentes administraciones. ¿Qué tanto podemos hablar de un “modelo de ciudad” y hasta qué punto Bogotá podría siquiera acercarse a ser o tener uno?

Alberto Saldarriaga Roa*

¿Un “modelo” para Bogotá?

A raíz de la acumulación de basuras en las calles como fruto del paro de un grupo de trabajadores de la empresa de Aguas Bogotá, la atención de muchos ciudadanos y de los medios de comunicación se ha desplazado al debate acalorado entre el alcalde Enrique Peñalosa y su predecesor y ahora candidato presidencial Gustavo Petro.

Esta discusión ha dado pie a un sinnúmero de opiniones y argumentos que se refieren a un “modelo de ciudad”. Pero probablemente  a estas alturas probablemente no sea muy atinado o efectivo hablar de “modelos” y mucho menos de “un modelo de ciudad”.

Cinco años atrás Razón Pública publicó un artículo sobre la “modificación” del Plan de Ordenamiento Territorial (POT) propuesta por el entonces alcalde Petro. En dicho artículo se mencionaban los posibles “modelos” de ciudad que en ese momento parecían entrar en conflicto entre sí. Hoy en día es posible formular la misma pregunta en otros términos: ¿cuál fue el modelo de ciudad de Petro y cuál es el del actual alcalde? La respuesta es prácticamente la misma de hace cinco años.

La administración Petro estuvo colmada de decisiones arbitrarias e improvisadas, cargadas de rencores, el resultado de su administración fue una ciudad “anti-modelo” o modelada en torno al caos.

En el mencionado artículo el modelo de ciudad fue definido de la siguiente manera:

“En sentido estricto, un modelo de ciudad debería ser una imagen deseable y viable del futuro de una ciudad que puede conjugar, por lo menos, tres aspectos: los territoriales y urbanos, los de la economía y los del bienestar social. Los primeros abarcan lo ambiental, lo urbanístico y lo arquitectónico, incluido lo patrimonial. Los siguientes presentan una visión articulada de la actividad económica de la ciudad con la participación de los distintos sectores y grupos y de aquello que garantiza a la ciudadanía sus derechos fundamentales en educación, salud, vivienda y la “expansión del cuerpo y del espíritu”, en términos de Le Corbusier. El modelo no se forma con las piezas sueltas sino, precisamente, con la articulación viable y coherente entre ellas.” 

Hoy sería posible añadir tres calificativos a un posible modelo de ciudad: una ciudad equitativa, incluyente y sostenible.

Bajo estas características es muy difícil pensar que la alcaldía de Petro se haya propuesto construir un modelo integral de ciudad. Y ni siquiera se ha dado aún conocer el nuevo POT de la alcaldía de Peñalosa, de manera que sería resultaría prematuro hablar de la existencia de un “modelo de ciudad”.

Una ciudad en desorden y una Carta

Alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa.
Alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa.    
Foto: Alcaldía Mayor de Bogotá

En el POT del 2000 se adoptó como punto de partida un “modelo de ordenamiento”, que por entonces  se entendía como la articulación de un conjunto de piezas urbanas de distinto carácter que permitían orientar y concentrar la acción de gobierno, la inversión pública y las actuaciones particulares hacia la consecución de fines previsibles a largo plazo: la sostenibilidad del desarrollo urbano, la equidad social y el aumento en los niveles de productividad urbana.

De un modo más bien funcional y técnico se dio cuerpo a la expresión “la ciudad que queremos”, expresión citada todo el tiempo por el alcalde Peñalosa. Pero la realidad era diferente y el “modelo de ciudad” tan solo correspondía al que quisiera el alcalde.

Tanto el alcalde Petro como algunos de sus funcionarios y seguidores, reclamaban continuamente que la oposición (o más bien, las oposiciones) impidieron que su modelo de ciudad se consolidara, pero de ese modelo poco o nada se conocía.

Aun así, la administración Petro estuvo colmada de decisiones arbitrarias e improvisadas, cargadas de rencores hacia “los ricos” y otros sectores sociales. No obstante lo anterior, había ideas rescatables, como lo fueron la de una ciudad incluyente en el ámbito socio-cultural (cosa que no se ha logrado) y la de una ciudad sostenible (algo que tampoco se logró). El resultado de su administración fue una ciudad “anti-modelo” o modelada en torno al caos.

Un modelo de ciudad puede entenderse como una idea que puede circunscribir la vida y el manejo de un centro urbano a un molde preestablecido, es decir, como un modelo cambiante que admite transformaciones, sin perder la noción de un ente orgánico que conserva su carácter y su vitalidad.  A lo largo del siglo XX, en los ámbitos del urbanismo moderno, surgió la idea de ciudad funcional, la cual fue definida especialmente en la Carta de Atenas redactada por Le Corbusier y publicada en 1943 como modelo de planeación urbana.

La Carta de Atenas sirvió como una especie de catecismo que podía ser aplicado en la configuración de planes de urbanismo. En Bogotá se adoptaron algunos de los principios de esta Carta en los planes que fueron formulados después de 1950. En el catecismo había principios claves como:  

  • perímetro urbano,
  • sectorización,
  • zonificación,
  • plan vial,
  • normas de densidad y de usos,
  • índices de ocupación y de construcción,
  • índices de cesión, etc.
La ciudad es hoy una malformación causada por la acumulación de residuos de estos planes, es decir, construcciones a medio terminar sin ninguna continuidad efectiva.

A pesar de su abstracción, en ese modelo de planeación urbana había bases importantes que permitían pensar ordenadamente la ciudad desde los límites territoriales hasta la edificación individual. La dimensión cultural de la ciudad no se consideró significativa hasta que otros urbanistas, en particular el grupo del Team 10, criticó el modelo funcionalista e introdujo una mirada diferente sobre el tema de la ciudad.

Bogotá sobre residuos

En Bogotá, entre 1950 y 2000, se aprobaron doce planes sucesivos entre los cuales iba incluido el POT. Cada plan tuvo su propia ruta y, casi por principio, se intentó partir de cero en cada uno de ellos.

El Plan general de desarrollo integrado -o Acuerdo 7 de 1979-  marcó una ruptura con los planes anteriores porque dio un pase abierto a los intereses inmobiliarios representados por las Corporaciones de Ahorro y Vivienda y las Unidades de Poder Adquisitivo Constante, UPAC.

Las normas urbanas ya no obedecieron a los principios anteriores y se creó el concepto de “tratamiento” en cuatro niveles: (i) de desarrollo, (ii) de rehabilitación, (iii) de redesarrollo y (iv) de conservación. Dado que no todos los sectores presentaban características definidas e iguales o equivalentes, las normas quedaron sujetas a varias interpretaciones, lo cual dio origen a ciertos mecanismos de negociación de las normas que no estaban del todo claras. 

Paradójicamente, la ciudad es hoy una malformación causada por la acumulación de residuos de estos planes, es decir, construcciones a medio terminar sin ninguna continuidad efectiva. Solo los planes viales han actuado como articuladores de esa colección de fragmentos, pero el mal manejo de la movilidad vehicular y de la consiguiente inmovilidad entorpece hoy esa articulación.

La propuesta de hacer más vías sin antes establecer un orden del conjunto de la movilidad vehicular y peatonal, solo proveería más espacio para los trancones.

Hay ciudad, no hay modelo

Unos años atrás, durante el auge de la posmodernidad, estuvo de moda hablar de la ciudad fragmentada como un reconocimiento de la compleja variedad de realidades urbanas existentes en el mundo, las cuales no correspondían con un modelo preconcebido o antes imaginado.

Bogotá fue objeto de atención desde dicha perspectiva que reconocía y tenía presente las múltiples situaciones urbanísticas, arquitectónicas, socioeconómicas y culturales que cohabitaban y cohabitan en la ciudad.

Hoy en día se habla de una cuidad compleja, multicultural y diversa, una ciudad que refleja no sólo diferentes fragmentos físicos sino la presencia de muchos grupos humanos de características étnicas y culturales diferentes. Un modelo aplicable a una ciudad con estas características corre el riesgo de ser inútil o inaplicable.

Solo dos maneras de aproximarse a entender el posible modelo de ciudad de un alcalde bogotano: una es la de “el modelo soy yo” y otra es “adivine cuál es el modelo”.

En síntesis, en estos momentos no es posible discutir sobre si han o no han existido modelos de ciudad de Gustavo Petro, o de Enrique Peñalosa, o de Sergio Fajardo o de otros alcaldes en Colombia, dado que nunca ha habido estabilidad ni continuidad de las políticas urbanas.

Los alcaldes asumen su cargo como gobernantes temporalmente “todopoderosos” que hacen lo que se les da la gana y lo que se le ocurra a su patrocinadores y cómplices políticos, sin organismos efectivos de control, bien sea en lo político o bien sea en lo ciudadano.

En todos los casos hay solo dos maneras de aproximarse a entender el posible modelo de ciudad de un alcalde bogotano: una es la de “el modelo soy yo” y otra es “adivine cuál es el modelo”.

*Arquitecto de la Universidad Nacional de Colombia, especialista en Vivienda y Planeamiento Urbano del Centro Interamericano de Vivienda y Planeamiento (CINVA), docente en el Doctorado de Arte y Arquitectura de la Universidad Nacional.
@alsaldar

 

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Comentarios  

Nataly Diaz
0 # Propuestas para un modelo de ciudadNataly Diaz 22-02-2018 00:38
Muy blando ese artículo. Petro presentó un POT que reorganizaba la ciudad en torno a la resiliencia climática, por ejemplo. Teniendo en cuenta la configuración geográfica de la ciudad. El modelo no se implementó, es cierto. Pero las razones tienen que ver con la ausencia de un proyecto de ciudad que le permita a los ciudadanos una soberanía que supere la del administrador de turno. El proceso que necesita Bogotá es el que está desarrollando e implementando actualmente Ciudad de México. Dónde se está creando con los ciudadanos y para los ciudadanos una constitución de la ciudad que va a regir la manera de organizar el territorio sin importar de qué bando político es el gobernante a la cabeza. Te recomiendo que ojees labcd.mx
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