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Martin Parr: carcajadas reflexivas

(Tiempo estimado: 4 - 8 minutos)

Martin Parr: carcajadas reflexivas

Dario RodriguezLas fotografías de Martin Parr son el espejo de los excesos de una sociedad consumista. La risa y lo grotesco hacen que los espectadores reflexionen sobre la sociedad donde vivimos.

Darío Rodríguez*

El retrato grotesco

La semana pasada, el Museo de Arte Miguel Urrutia (MAMU) de Bogotá inauguró la exposición Souvenir, dedicada al fotógrafo Martin Parr. En el Museo se expondrán seis series de Parr hasta el 10 de junio de 2019.

Martin Parr es un fotógrafo que nació en Reino Unido en 1952 y se inició en el mundo de la fotografía cuando era adolescente. Su primer acercamiento a la fotografía sucedió cuando, sin vergüenza, espió y fotografió a unos desconocidos dentro de un restaurante. Este comienzo marcó la orientación principal de su carrera.

Tras una breve etapa experimental monocromática, Parr optó por una vía que, en apariencia, ya ha sido recorrida hasta el cansancio: el uso de diversas gamas de colores. Parr utiliza sobre todo una gama de colores “chisporroteantes” y vibrantes en los lugares que escoge fotografiar: restaurantes de comida rápida, playas en tiempo vacacional, sitios turísticos—como la Torre de Pisa o el Partenón en Atenas—y las calles de ciudades populosas visitadas por personas del “promedio”, que ya no soportan una fotografía más.

Durante medio siglo, Parr ha observado su presente inmediato. El escenario de sus fotos y los personajes son simplemente los que encuentra en la calle. De hecho, curiosamente, no existen diferencias temáticas entre sus fotografías y las de cualquier aficionado provisto del tradicional teléfono móvil con cámara e Instagram.

Sin embargo, lo que hace que Parr sea un fotógrafo singular es lo que resalta en sus fotografías y la notoria picardía con la que las toma, que roza con el atrevimiento. Por ejemplo, a través de su lente, un plato de comida común se transforma en algo casi monstruoso, por lo que la obra de Parr parece invitarnos a la risa. Sin embargo, en realidad es un retrato de los excesos de nuestra cultura consumista.

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El fotógrafo turista

martin parr

Foto: Flickr
Martin Parr

Desde muy joven, Parr se alejó tanto del “preciosismo” de ciertos fotógrafos que refinan exageradamente las tomas, como del fotoperiodismo. Así fue desarrollando su estilo inconfundible. Es posible que ese estilo se vea con auténtica claridad más que todo en sus exposiciones de viajes.

El fotógrafo se arriesga a inmortalizar contextos que no le son familiares y puede acabar   tergiversando lo que pretende captar. La solución de Parr a este escollo nos habla de su ojo como fotógrafo: al no lograr entender ciertas situaciones, el artista o bien se hinca de rodillas ante ellas e intenta mostrar todas sus aristas, o bien equipara lo conocido con lo insólito o inexplicable que va encontrando.

La mejor manera de adentrarse en la obra de Parr es seguir sus pasos junto a los turistas y lugareños de los sitios más frecuentados del mundo.

Debo aclarar que la gran mayoría de su obra—si no toda—carece de una puesta en escena: (1) Parr fotografía al personaje principal a lo lejos, por ejemplo, a un niño embadurnado de helado, y (2) lo hace sin previa preparación lumínica o escenográfica.

El escenario de sus fotos y los personajes son simplemente los que encuentra en la calle.

Martin Parr no monta ni prepara escenas porque no las necesita. Como Parr mismo le contó a El Mundo, él solo mira, se acerca y toma la foto. Semejante declaración, que parece la respuesta elemental de un novato, es la descripción de su método artístico. Parr ve en nuestra realidad cotidiana sus costados perversos y satíricos.

No obstante, detrás de esa aparente facilidad en su proceder, hay tesón y perseverancia. En realidad, sus hallazgos no son producto de la casualidad, por más que el propio Parr se mofe de sí mismo delante de los periodistas diciendo que solo se divierte y que es un fotógrafo ridículo. Además, Parr mezcla su talentoso y fino humor inglés con gruesas dosis de socarronería.

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Las nuevas preguntas de la fotografía

Martin Parr exposición Munich

Foto: Banco de la República.
Exposición Souvenir.

Ya no vale la pena debatir en torno a la vulgarización de la fotografía ni de lo fotográfico. La realidad es que hoy todos somos fotógrafos. Pero vale la pena discutir si entre la avalancha diaria de instantáneas que circulan por internet hay algún tipo de juicio o de búsqueda estética que supere fórmulas típicas—como selfies en hitos turísticos, fotos de mascotas o de paisajes al vuelo—o que se arriesgue a indagar en los lados oscuros de lo cotidiano.

No hemos superado el efectivo y abusivo periodismo fotográfico que, con su grosera literalidad, busca siempre el dolor y la crueldad ajena. Este tipo de periodismo ha influido en los fotógrafos espontáneos que creen que las imágenes violentamente explícitas—como imágenes de accidentes o tragedias—tienen algún valor informativo.

Contemplar la obra de Martin Parr es darse cuenta de que a la fotografía no le basta la reproducción o el calco de lo real. La fotografía también puede explorar, incluso extralimitarse para obtener imágenes todavía sorprendentes, de gran significado, justo en estas épocas cuando ya nada asombra.

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Mediante la truculencia, la frivolidad y un punto de vista humorístico, Parr acabó siendo, sin proponérselo, uno de los estudiosos más lúcidos de nuestro comportamiento, organización social e idiosincrasias. Parr está al acecho del “instante decisivo” del cual habló el legendario fotógrafo Henri Cartier Bresson.

Él solo mira, se acerca y toma la foto. 

De hecho, un conflicto reciente en Reino Unido le dio una nueva ola de popularidad a Martin Parr hace dos años. Con ocasión del Brexit y de la manipulación mediática y cibernética al electorado, algunos debates públicos se valieron de las estrambóticas fotografías tomadas por Parr para sustentar argumentos en torno a la pereza del juicio crítico.

En los debates, las fotografías de Parr sirvieron como ejemplo para describir la indiferencia y ligereza de los votantes, que prefieren recostarse a beber cervezas en sus sofás mientras los engañan y enajenan.

A todo lo anterior debe agregarse un detalle importante: en cuanto a producción y publicación es posible que Parr no tenga quién se le compare. Expone con inmensa asiduidad en varios países, viaja sin descanso, ha dirigido películas documentales y lleva más de cien libros publicados.

Sin quererlo, Parr continuó una tradición fotográfica que iniciaron las vanguardias artísticas hace cien años: un modo pintoresco o desmedido de tratar a los eventos y personas. Parr, con su graciosa iconoclastia, es “primo hermano” de fotógrafas que retratan el “común”, como Diane Arbus o, la hasta hace poco anónima, Viviane Maier.

En la exposición de Parr en el MAMU, nos encontramos con estas fotografías que amplían nuestra mirada mientras nos reímos. Desde el título de la exposición, Souvenir, el fotógrafo demuestra la mirada irónica y suspicaz de su fotografía. No se vuelve a ver del mismo modo el espacio habitado, o mil veces recorrido, tras entrar en contacto con ellas.

El arte de Parr logra desacostumbrar y revelarnos cuántos hechizos y epifanías se esconden bajo lo más ordinario, lo obvio, aquello que suponemos conocer de sobra. 

 

* Escritor y editor. Columnista de www.cartelurbano.com

@etinEspartaego

 

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