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Roma: una mirada íntima a un hogar latinoamericano

(Tiempo estimado: 5 - 9 minutos)

Yalitza Aparicio interpretando a Cleo.

La película del momento confirma la influencia de Netflix y nos confronta con una realidad que muchas veces no queremos ver y que hace parte de la vida cotidiana.

Ana María Ferreira*

Éxito en blanco y negro

La película Roma, de Alfonso Cuarón, se convirtió en un éxito instantáneo. Fue presentada en unos pocos cines en noviembre del año pasado, pero su lanzamiento ‘oficial’ fue en Netflix el 14 de diciembre.

Es interesante anotar que el internet y los servicios de televisión como Netflix o Amazon han cambiado la manera como vemos el cine y la cantidad de películas o series a las cuales tenemos acceso. En un contexto en el que las opciones son casi infinitas, la popularidad de esta coproducción entre México y Estados Unidos es aún más sorprendente.

Roma es un drama en blanco y negro hablado en español y en mixteco, acerca de una familia de clase media de ciudad de México entre finales de 1970 y comienzos de 1971. La composición de la familia se parece a la de muchas en nuestro continente: una mujer abandonada por su esposo que vive con su madre y cuatro hijos (tres niños y una niña).

Con ellos viven también dos mujeres mixtecas: Adela, la cocinera, y la protagonista de esta historia: Cleo, niñera y empleada. Cleo es el eje alrededor del cual esta familia se mantiene unida y, al mismo tiempo, es parte de la familia y una extraña.

Yalitza Aparicio hace el papel de Cleo. Antes de esta película, nunca había trabajado como actriz. Cleo, el personaje, y como Aparicio, la actriz, son la razón principal del impacto del filme.

Los hombres que aparecen en el son personas detestables, inseguras, irresponsables y abusivas. 

Cleo cuida la casa, a los niños y es incluso el soporte emocional de la familia. Es un personaje fascinante y complejo, y funciona como un puente entre dos clases sociales, dos razas, dos lenguas, dos Méxicos que coexisten aún hoy.

Por otra parte, Yalitza Aparicio, la mujer de origen indígena, se ha convertido en un símbolo de la belleza y el talento de una parte de la sociedad de nuestros países que normalmente no aparece como protagonista.

La actriz ha sido invitada a múltiples programas de televisión alrededor del mundo, ha dado entrevistas, ha asistido a festivales y ha sido portada de revistas de moda, como la versión mexicana de Vogue. Esta visibilidad, en la mayoría de los casos positiva, ha estado acompañada por comentarios racistas por parte de quienes siguen (¿seguimos?) pensando la belleza en términos europeos y no quieren ver a una mujer mixteca como la cara de México.

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Una familia como muchas

Grabaciones de la película Roma.
Grabaciones de la película Roma. 
Foto: Gobierno del Estado de Chihuahua  

La película fue inspirada en la infancia de su director. Cuarón afirma que se basó en la historia de su familia y que el título, Roma, hace referencia al barrio de su infancia, un sector tradicional de la ciudad de México que se podría comparar con un barrio como Teusaquillo en Bogotá.

Pero su inspiración no viene solo de la ciudad y de la época que le tocó vivir, sino, sobre todo, de una mujer, Libo Rodríguez, la empleada doméstica y niñera de su casa y con quien el director sigue teniendo una relación muy cercana. Antes de esta película, Libo había hecho dos cameos en otras de sus películas y a ella está dedicada Roma.

Cuarón es un director versátil y prolífico que salta constantemente de Estados Unidos a México, países donde ha construido una sólida reputación. Entre sus películas se encuentran clásicos como Y tu mamá también (2000), así como éxitos hollywoodenses como Harry Potter y el prisionero de Azkabán (2004) y Gravedad (2013).

Esta lista de grandes y diversas películas hace que el éxito de Roma no sea del todo sorpresivo. No obstante, esta producción se aleja de sus demás obras en tanto es una mirada íntima a escenas domésticas de una familia de clase media, con la cual muchos latinoamericanos nos podemos sentir identificados.

La familia de Roma, a la cual vemos casi siempre dentro de la casa, es una de esas familias donde las mujeres son las responsables de mantener el hogar económica y emocionalmente. Los hombres que aparecen en el filme —el padre de los niños, el novio de Cleo, el amigo dueño de la finca adonde van de paseo— son personas detestables, inseguras, irresponsables y abusivas.

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Este universo femenino, en el que mujeres fuertes y al mismo tiempo vulnerables se hacen responsables de sus vidas y de las de quienes dependen de ellas, no deja, sin embargo, de marcar la diferencia entre Cleo, la empleada doméstica, y Sofía, la dueña de la casa. Esta división no es solo de clase, sino también racial y lingüística.

Cleo es indígena y Sofía, blanca; Cleo habla español y mixteco, y Sofía habla español; Cleo es la empleada y Sofía, su empleadora; Cleo vive en una habitación diminuta y Sofía vive en su casa. Esta separación, que se vuelve borrosa en algunos momentos de la película, se mantiene como una herida profunda y es una brecha que incluye y excluye a Cleo permanentemente.

La fortaleza de Cleo, quien parece ser el mástil que mantiene la calma en medio del turbulento devenir de esta familia, persiste incluso a pesar de que ella misma está pasando por duras pruebas. En un momento de la película Cleo queda embarazada y su embarazo, que no está exento de dificultades y abandonos, concluye en una de las escenas más impactantes de la película. Pierde su bebé en condiciones de enorme desamparo. La violencia obstétrica y la horrible forma en que su parto es atendido demuestran la brutalidad de los sistemas de salud con las mujeres pobres y marginadas de nuestra sociedad.

Las perturbadoras imágenes del parto de Cleo se complementan con los violentos disturbios que están ocurriendo en México en el contexto de la “guerra sucia” y las represiones del Estado posteriores a la masacre de Tlatelolco (un libro extraordinario para entender la masacre es La noche de Tlatelolco, de Elena Poniatowska).

Una mujer como muchas

Roma, película de Alfonso Cuarón.
Roma, película de Alfonso Cuarón. 
Foto:  Gobierno del Estado de Chihuahua 

Cleo nos obliga a pensar en las mujeres que han trabajado en nuestras casas y en la deuda que tenemos con estas empleadas que han dedicado sus vidas a hacer las nuestras más fáciles y ordenadas.

Recuerdo que, cuando era niña, los vecinos de la casa frente a la mía tenían una empleada doméstica interna, a quien trataban, según ellos mismos, “como si fuera” de la familia. Una empleada interna, sin embargo, quiere decir una trabajadora que está disponible 24 horas al día, una persona que no tiene casi autonomía o privacidad.

El recuerdo de esa mujer volvió a mí con fuerza después de ver la película. La recuerdo claramente con su uniforme de cuadritos rojos y blancos. La recuerdo también hablando conmigo a través de la reja porque a veces la dejaban encerrada en la casa. Las condiciones laborales de las empleadas domésticas en América Latina siguen siendo un problema que debe resolverse.

Sin duda, Cuarón quiere demostrar en Roma su amor por Libo/Cleo. Ella es una heroína, una salvadora, mantiene a flote la familia y literalmente le salva la vida a los niños pequeños de la casa.

Las condiciones laborales de las empleadas domésticas en América Latina siguen siendo un problema que debe resolverse.

Pero la pregunta que queda en el aire es si Cleo hace o no parte de la familia. En términos reales podríamos decir que sí, especialmente al final, momento en el que Sofía, los niños y Cleo comparten un abrazo en el que todos le dicen cuánto la quieren. Y ella ocupa un lugar más importante en la casa que, por ejemplo, el padre ausente.

Pero justo después de que todos reconocen que Cleo les salvó la vida, los niños le piden un “licuado de plátano y gansitos” y se quedan conversando en el segundo piso, mientras ella desaparece por las escaleras cargando un bulto de ropa sucia.

Roma es una película para ver y volver a ver, un filme que nos obliga a pensar sobre la estructura de nuestras propias familias, la forma en que nos comportamos en nuestro entorno familiar y sobre el tejido de nuestra propia realidad.

También es un llamado a reconocer a las mujeres que han dedicado su vida a servirnos, muchas veces en detrimento de su propia salud e independencia. Y es una reflexión sobre la desigualdad económica que caracteriza a nuestras sociedades y que tiene consecuencias tangibles en cada aspecto de nuestras vidas.

*Doctora en Literatura y Estudios Culturales de la Universidad de Georgetown. Es profesora en la Universidad de Indianápolis, donde enseña e investiga sobre América Latina. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

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