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Feliz año viejo: el histórico 2019

(Tiempo estimado: 5 - 10 minutos)

Bicentenario Batalla de Boyacá

Nicolas PernettRevoluciones que envejecieron mal, un juglar inolvidable y un bicentenario de la independencia que se conmemorará sin venezolanos, serán algunos de los temas importantes del año que empieza.

Nicolás Pernett*

Año de revoluciones

Los años terminados en ocho suelen ser de levantamientos y revueltas, de protestas y agitaciones, la mayoría de las veces aplastadas antes de que alcancen a prosperar. Por eso en 2018 conmemoramos tantos aniversarios redondos de movimientos sociales y de su final trágico: Masacre de las bananeras (1928), Bogotazo (1948), Masacre de Tlatelolco (1968), Primavera de Praga (1968), Mayo francés (1968).

Para demostrar que tal vez la historia no es completamente arbitraria en los años que elige para sus sucesos recurrentes, también 2018 fue un año de protestas y manifestaciones. Así sucedió tanto en Colombia, donde los estudiantes tuvieron por más de dos meses en vilo al gobierno exigiendo presupuesto, como en el mundo, donde los franceses vistieron chalecos amarillos e iniciaron una revuelta que no ha cesado.

Los años terminados en nueve, por su parte, parecen ser momentos propicios para que lleguen al poder revoluciones (o contrarrevoluciones), especialmente en América Latina. Por eso en este año tendremos aniversarios redondos de la Revolución cubana (60 años), la Revolución sandinista en Nicaragua (40 años) y la Revolución bolivariana en Venezuela (20 años). ¿Se mantendrá la tendencia histórica y algún gobierno latinoamericano se autodenominará “revolución” este año?

Los tres gobiernos que celebran sus aniversarios revolucionarios lo reciben con su imagen internacional por los suelos y con buena parte de su población descontenta. Hace una década los gobiernos de Cuba, Nicaragua y Venezuela podían sacar pecho y recibir aplausos por ser la resistencia frente al poder de Estados Unidos, que en ese momento estaba bajo el gobierno del risible George W. Bush. El precio del petróleo estaba por las nubes y Hugo Chávez podía mezclar demagogia con chequera y erigirse como una esperanza revolucionaria del siglo XXI.

En este año la historia será usada para justificar y patinar de gloria cualquier decisión del gobierno.

Aunque en este año Estados Unidos está de nuevo bajo el mandato de un presidente ridículo, los gobiernos de Nicolás Maduro, Daniel Ortega y Raúl Castro reciben cada vez más abucheos y pocos aplausos en el escenario internacional. La situación es muy diferente hoy. Chávez murió pero mantuvo a sus lugartenientes en el poder, cada vez más corruptos y ciegos al clamor popular. Y la caída de los precios del petróleo demostró que la Revolución bolivariana no estimuló ninguna otra fuente para la economía de su país, lo que volvió a condenar a su población a los altos niveles de pobreza contra los que Chávez prometió luchar a mediados de los años noventa.

Por su parte, en Nicaragua, Daniel Ortega está repitiendo los métodos de represión del dictador Anastasio Somoza, contra el que peleó en los setenta. Y en Cuba se mantiene todavía tercamente el orden mundial impuesto por la Guerra Fría, y mucho más ahora con un presidente como Donald Trump, que ha echado para atrás los avances del deshielo iniciado por Barack Obama en la isla.

No es extraño que Cuba sea la isla de los anacronismos: en el siglo XIX fue colonia de la Corona española hasta 1898, mientras el resto de América Latina intentaba crear nuevos gobiernos republicanos. Y en el siglo XXI es el último campo de batalla de la extinta Guerra Fría. 

Como si siguiéramos atrapados en la historia circular que mostró Gabriel García Márquez en la literatura, los gobiernos revolucionarios de América Latina pueden hacer balance en este año de aniversarios y reconocer (sin que les importe) que llevaron a sus países al mismo estado paupérrimo en el que los encontraron.

Año bicentenario

Conmemoración de la Revolución Cubana.
Conmemoración de la Revolución Cubana. 
Foto: Anticapitalistes

Sin duda el aniversario más importante en este año serán los doscientos años de la Batalla de Boyacá, del 7 de agosto de 1819, y la entrada de Simón Bolívar a la capital que marcó el final de casi tres siglos de dominación española sobre el territorio de lo que hoy es Colombia. Si bien esta batalla fue fundamental porque determinó la salida del poder peninsular de Santafé, el proceso de independencia no terminó en la América española por lo menos hasta 1824, por lo que nos esperan varios años de conmemoraciones bicentenarias.

Como era de esperarse, el gobierno se está preparando para la celebración y encargó para este propósito a la vicepresidenta y exmodelo, Marta Lucía Ramírez. Es curioso que hace ocho años, cuando se conmemoraron los dos siglos de la primera parte de la independencia, la del 20 de julio de 1810, fue una exreina del Carnaval de Barranquilla, María Cecilia Donado, la designada para coordinar el aniversario histórico. Por supuesto, ser reina de carnaval o modelo no inhabilita para ejercer una posición tan importante, pero uno no puede dejar de preguntarse: ¿no hay acaso en el país buenas historiadoras para cumplir este compromiso con más prestancia profesional?

Pero fue el presidente Iván Duque el que realmente ayudó a que el país se ponga en modo bicentenario, con sus recientes comentarios sobre el apoyo crucial que brindaron los padres fundadores de Estados Unidos a la independencia. Con esta declaración equivocada le bastó para que internautas de todo el país se pusieran a opinar, leer artículos de historia y hacer memes con el tema de la independencia. Como no todo le puede salir mal al pobre Duque, se puede decir que ha sido uno de los pocos presidentes que ha estimulado de verdad el estudio de la historia en el país.

Más allá de si el apoyo al que se refería el presidente fue ideológico o militar, una inspiración simbólica o una enseñanza política, sus declaraciones mostraron una tendencia que seguro será común todo el año: el uso de la gesta histórica de 1819 para respaldar cualquier acción gubernamental. En este caso se usó para complacer al secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, pero hay que prepararse para que el “modo bicentenario” sea un comodín para todo en los próximos meses. 

La independencia de 1819 será incluso utilizada por el gobierno de Colombia para justificar el cerco diplomático y la guerra contra Venezuela.

En este año la historia será usada para justificar y patinar de gloria cualquier decisión del gobierno. Si se quiere exaltar el emprendimiento asociado a la llamada “economía naranja”, seguro se podrá usar la independencia para festejarla como la gran “empresa” de nuestra república. Si se quiere estimular el apoyo a la reciente reforma tributaria, no habrá más que decir que hace doscientos años gentes de todos los colores y estratos apoyaron con sus aportes a nuestros héroes militares. Y así.

La independencia de 1819 será incluso utilizada por el gobierno de Colombia para justificar el cerco diplomático y la guerra contra Venezuela, país de donde vino la campaña libertadora y de donde eran la mayoría de sus oficiales. Si ya han logrado realizar varias actividades de conmemoración de la independencia sin mencionar a Simón Bolívar, el venezolano que fue su cabeza e inspiración, es probable que se puedan inventar cualquier argumento para apuntar las armas hacia Venezuela con la excusa, justamente, del bolivarianismo.

Por eso se puede decir desde ya que el bicentenario de la independencia será un fracaso: lo recibimos con los países de la otrora Gran Colombia más divididos que nunca, sin que haya siquiera un canal diplomático entre Bogotá y Caracas. Si Simón Bolívar es el padre de la patria que nos enseñaron en los colegios de Colombia y Venezuela, y si su último deseo fue que su muerte ayudara a la unión de los espectros políticos, entonces ni la derecha colombiana (que alguna vez fue bolivariana) ni la boliburguesía venezolana han sido dignas hijas de aquel caraqueño inolvidable. Y este año ambas darán demostraciones vergonzosas de este fracaso histórico.

Lea en Razón Pública: ¿Cómo lidiar con Venezuela?

Año de Alejo

Centenario del nacimiento de Alejo Durán.
Centenario del nacimiento de Alejo Durán. 
Foto: Alcaldía de El Paso

Todo no pueden ser tensiones políticas colombo-venezolanas. Este año también se conmemora un centenario importante: el primer siglo del que tal vez sea el cantante, compositor e intérprete (pues reunía las tres cosas) más importante de la historia de Colombia: Alejandro Durán Díaz, nacido el 9 de febrero de 1919, en El Paso, Cesar.

Aunque las canciones de Alejo Durán no han sido tan olvidadas como las de otros compositores de las músicas del Caribe colombiano, este año será una buena ocasión para apreciar de nuevo su versatilidad musical, su voz herida y cargada de sentimiento y sus letras simples pero profundas.

Rafael Escalona fue un cautivante contador de historias, Leandro Díaz fue el gran versificador del amor y Emiliano Zuleta inmortalizó en sus letras al “sobrado” colombiano. Pero Alejo Durán tuvo una cualidad única para sintetizar sentimientos, usualmente de tristeza, en sus composiciones, pues con un par de líneas podía expresar como nadie el dolor de la despedida amorosa o de las migraciones del juglar y de los trabajadores de la costa.

Puede leer: Vallenato: un lenguaje musical propio en constante evolución.

En los cantos de Alejo muchos de estos trabajadores buscaban una mejor vida, justamente, en Venezuela, el país hermano y ahora enemigo. Por eso este año sus cantos sonarán mucho más tristes en la frontera.   

*Historiador @NicoPernett  

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